Si eres aficionado a las piedras semipreciosas seguro que te has planteado alguna vez estas preguntas ¿Qué diferencia hay entre una piedra preciosa y una piedra semipreciosa? ¿Por qué valen más unas que otras? ¿Qué es lo que hace que una piedra pertenezca a uno u otro grupo? Vamos a tratar de responderlas en este artículo, sin entrar en detalles muy técnicos, de manera sencilla.

Tradicionalmente se consideran piedras preciosas al diamante, rubí, zafiro y esmeralda. Lo que se conoce como las cuatro grandes.

Cuando hablamos de piedras semipreciosas nos referimos a una gran variedad de piedras o gemas que, a lo largo de la historia, han ido perdiendo su consideración de piedras preciosas por uno u otro motivo.

Hay que decir que esta diferencia entre piedras preciosas y piedras semipreciosas está ya un tanto obsoleta, pues hay gemas en el mercado que aun no estando dentro de esas cuatro grandes pueden alcanzar precios astronómicos. Y por otro lado, hay en el mercado calidades tan bajas de esas llamadas cuatro grandes que hasta el más humilde de los cuarzos las supera en belleza, en tenacidad y en méritos para ser lucido como joya.

Entonces ¿Cuál es la clasificación correcta? Más correcto es hablar de piedras preciosas y piedras ornamentales.

Piedras preciosas son todos los minerales cuyas formas cristalinas son aptas y apreciadas para su uso en joyería. Este término englobaría todo lo que consideramos como piedras preciosas y la mayor parte de lo que conocemos como piedras semipreciosas. Piedras preciosas serían por tanto el citrino, las turmalinas, los zafiros, la amatista, la aguamarina, los granates, el diamante, etc. independientemente de su mayor o menor precio

 

Piedras ornamentales son minerales más bien opacos y todas aquellas rocas (agregados amorfos de diversos minerales) con las que se pueden elaborar objetos decorativos y joyería. Son piedras ornamentales los jaspes, el ónice, las obsidianas, la aniolita, la malaquita, la charoita, la unakita, etc. Generalmente su precio no va a ser muy alto y estarían englobadas por el obsoleto concepto de piedra semipreciosa. Una excepción: el lapislázuli, siendo una roca, es tan hermoso y apreciado que habría que considerarlo como piedra preciosa.

Para ilustrar los dos puntos anteriores, si tomamos como ejemplo el cuarzo, vemos que éste mineral tiene variedades piedra preciosa como el citrino o la amatista, y variedades piedra ornamental como los jaspes.

De todas maneras, la vieja distinción entre piedras semipreciosas y piedras preciosas está aún tan extendida entre comerciantes y consumidores, que por razones de claridad y para que todos nos entendamos bien, seguiremos usando el término piedra semipreciosa en nuestra página web. Eso sí, sin olvidar que cuando hablamos de una piedra semipreciosa estamos hablando de una gema en toda regla.

Entonces ¿qué es una gema? ¿Qué hace que aumente su valor?

Todos tenemos la imagen mental de lo que una gema es y representa. Puesto en palabras, una gema es cualquier material natural sólido e inorgánico que posee cualidades de bellezadurabilidad y rareza:

  • La belleza de una gema reside en su color, en su transparencia, en su brillo, en su juego de colores, en sus inclusiones internas… cualquier cualidad óptica que la haga atractiva a nuestros ojos. Por ejemplo, al elegir una amatista buscaremos una piedra transparente de un intenso color púrpura, pero al elegir una piedra de luna no valoraremos su transparencia -es casi opaca por naturaleza-, sino sus hermosas iridiscencias.
  • La durabilidad de una gema vendrá marcada por su dureza al rayado, su tenacidad ante la presión y los golpes, y su resistencia a los agentes químicos más comunes. En definitiva, que resista el uso diario como parte de una joya, y que esa misma joya pueda pasar de generación en generación. Un ramo de flores exóticas puede ser bello y raro, pero nunca podrá forma parte de una herencia, una joya con piedras semipreciosas sí.
  • La rareza de una gema vendrá marcada por su mayor o menor escasez natural y por la demanda de esa gema a lo largo de la historia o en periodos determinados. La amatista fue una piedra muy valorada hasta bien entrado el siglo XVIII, siglo en el que empezaron a llegar a Europa amatistas procedentes de los recién hallados yacimientos en Brasil. Esa oferta creciente de amatista hizo que disminuyera su precio y su interés entre la nobleza y la emergente burguesía, por lo que una hermosa gema que hasta entonces había gozado de la categoría de piedra preciosa, pasó a ser considerada como piedra semipreciosa. Otro ejemplo lo tenemos en el jade jadeita, una gema que en Occidente no llama mucho la atención, y sin embargo es fuertemente demandada en los mercados asiáticos -principalmente el chino-, donde la jadeita para nada es considerada como una piedra semipreciosa, sino como una de las más hermosas y valiosas gemas.

Hay materiales naturales de origen orgánico -como las perlas, el ámbar, el coral, el azabache o muy a nuestro pesar el marfil- que, si bien pueden llegar a ser muy valiosos y recibir honores de gema, no pueden ser denominados como piedras preciosas, piedras semipreciosas o piedras ornamentales, pues éstos tres términos se reservan para los materiales sólidos naturales e inorgánicos que son los minerales y las rocas.

Esperamos haber resuelto las preguntas con las que iniciábamos este artículo y que ahora sea más sencillo comprender el maravilloso mundo de las piedras preciosas y semipreciosas.
Os invitamos a visitar nuestra tienda online tienda.eltallerdelosminerales.com donde encontraréis una gran variedad de minerales y piedras semipreciosas.

El Taller de los Minerales

Agradecimiento especial a Fernando Fernández, gemólogo de nuestra empresa, que ha hecho un gran trabajo en este artículo.